“Para mí, pelear nunca se trató realmente de lo bueno que sos, sino de cuántas personas quieren verte. Y había mucha gente que quería verme”. La explicación seguramente es un golpe debajo del cinturón para los puristas del boxeo. Pero esa primacía del show sobre la técnica fue la que convirtió en un excéntrico fenómeno durante los últimos años del siglo pasado y los primeros de éste a Eric Scott Esch, a quien casi nadie conoce por su nombre, pero muchísimos identifican por su apodo: Butterbean

No mucho antes de convocar multitudes en distintos puntos del planeta, Esch era un joven con sobrepeso, cuyo vínculo con el deporte había sido a través del fútbol americano (había jugado hasta los 17 años en la escuela secundaria) y que trabajaba ensamblando pisos en Southern Energy Homes, una empresa que producía viviendas prefabricadas en Jasper, Alabama.

En 1990, cuando tenía 23 años, un grupo de amigos lo desafió a que participara en Toughman Contest, un campeonato de boxeo amateur que se celebra anualmente en ciudades de Estados Unidos. Dos obstáculos parecían interponerse entre Esch y ese reto. El primero era que jamás había boxeado ni practicado otro deporte de contacto. Pero todos, incluidos los organizadores, decidieron pasar por alto ese detalle.

El segundo problema era que Toughman Contest establecía a sus participantes un límite de peso de 400 libras (181,4 kilos) y el aspirante a púgil pesaba 420. Para bajar esas 20 libras (9 kilos) en tres semanas, siguió un riguroso régimen a base de pollo y porotos de manteca (butterbeans, en inglés).

Butterbean hizo toda su carrera profesional con un peso superior a 135 kilos.Foto: AFP

“Esa dieta tenía algunos efectos secundarios gaseosos, pero funcionó: perdí peso y estaba listo para pelear”, contó en 2016 en una entrevista publicada en la revista Sports Illustrated. Ese esquema alimenticio también le dio el apodo que lo acompañaría durante su carrera.

Su primera pelea fue en el galpón de una granja de Jasper, que había sido construido para albergar competencias de rodeo y que luego había sido sede de varios eventos de Toughman Contest. En una ciudad de 14.000 habitantes, 1.600 se reunieron para ver al crédito local. Esa noche, Esch fue derrotado.

Pero volvió a intentarlo tres semanas después en el mismo galpón. No solo noqueó a su rival, sino que ganó esa edición local de Toughman Contest. “Seguía peleando principalmente porque podía golpear a la gente y no ir a la cárcel”, contó Esch, que llegó a ser subcampeón mundial de Toughman en 1994. Entonces acumulaba 67 victorias en 71 combates, con 40 nocauts.

La bandera de Estados Unidos siempre acompañó a Butterbean en su indumentaria.

Después de perder esa final en Atlantic City, que fue transmitida por la cadena Showtime, Butterbean, que tenía ya 28 años y tres hijos, firmó contrato con la promotora Top Rank y debutó como profesional el 15 de octubre de 1994: venció por puntos a Tim Daniels en Birmingham, Alabama.

“No parecía un boxeador y su defensa no era la mejor, pero si te pegaba, te mandaba al suelo. Tuvimos que manejarlo con cuidado. Si peleaba contra un tipo con mucho movimiento, estaba en problemas. Necesitaba enfrentarse a rivales que se plantaran”, explicó sin demasiados rodeos Bob Arum, presidente de Top Rank y hacedor de la carrera de Esch.

Enlazó 15 victorias consecutivas, 10 de ellas antes del límite, e incluso noqueó a un árbitro: en el cierre del tercer round del combate ante Patrick Jackson en Kenner, un intento de gancho de derecha fue a dar al rostro del referí Terry Wood, que intentaba separar a los dos mastodontes y terminó tendido en la lona.

La racha de triunfos se cortó cuando fue noqueado en el segundo round por Mitchell Rose, que solo había ganado una de sus nueve peleas profesionales, en el Madison Square Garden, el 15 de diciembre de 1995, la noche en que Óscar de la Hoya defendió por sexta y última vez el título ligero de la OMB ante el texano Jesse James Leija.

Butterbean encadenó luego 51 peleas y casi seis años sin derrotas (48 victorias y 3 empates), siempre con un tonelaje superior a los 135 kilos, contra rivales de currículum entre modesto y muy pobre, y en duelos de corta duración, muchas veces como preliminarista en carteleras que incluían a figuras como De la Hoya. Así se transformó en el Rey de los Cuatro Rounds. Incluso la novel Asociación Internacional de Boxeo (IBA) le otorgó un título de campeón superpesado de cuatro asaltos.

Convertido en una pintoresca estrella, ganó millones, firmó autógrafos en cantidad similar, atrajo multitudes, peleó en la Mansión Playboy de Hugh Hefner en Beverly Hills y recorrió el mundo haciendo exhibiciones.

Uno de esos viajes lo trajo a Buenos Aires: el 11 de octubre de 1997 y como parte de la exposición 'Deporte Vivo', enfrentó al cordobés Jorge Dáscola en el predio de la Sociedad Rural Argentina, en Palermo, en un duelo que dejó bastante disconforme al público.

Butterbean intenta eludir una derecha de Jorge Dáscola, en Palermo.Foto: Archivo Clarín

La extravagante carrera de Esch no estuvo exenta de claroscuros. En noviembre de 1999, su nombre fue mencionado en una investigación periodística del Miami Herald sobre supuestos arreglos de al menos 30 peleas y que involucraban, entre otros, al ex campeón mundial George Foreman.

Según la publicación, dos oponentes y dos comisionados de boxeo, que dieron su testimonio bajo condición de anonimato, afirmaron que al menos cuatro combates de Butterbean habían sido amañados.

La denuncia periodística no tuvo una verificación judicial posterior, pero actualizó rumores que ya venían circulando en el mundillo de los guantes respecto a la oposición con la que solía encontrarse Esch y a los golpes fantasmagóricos que habían provocado algunos de sus nocauts.

Incluso un adversario, James Calvin Baker, quien cayó ante Butterbean en 1996 en una pelea que duró apenas 18 segundos, reconoció informalmente que se había dejado vencer.

Butterbean cayó por puntos ante Larry Holmes el 27 de julio de 2002, en Norfolk.Foto AP

En enero de 2004 y después de una operación encubierta que había durado 20 meses, el FBI allanó las oficinas de Top Rank en Las Vegas y secuestró discos rígidos de computadoras, registros médicos, videocasettes de pelea, contratos de boxeadores y documentos financieros como parte de una pesquisa en la que se investigaban peleas arregladas, fraude fiscal, informes médicos falsos y otras prácticas ilegales.

Según el diario Las Vegas Sun, durante el allanamiento “el FBI puso énfasis en obtener videos de las peleas de Esch, que eran parte de los archivos de Top Rank”. Para alivio de él y de Arum, la agencia de investigación cerró el caso dos años y medio más tarde sin formular cargos.

El 27 de julio de 2002, Butterbean protagonizó la pelea más importante de su carrera y la única a 10 asaltos: enfrentó a Larry Holmes, uno de los campeones más destacados de la historia de los pesados, que por entonces cargaba ya 52 abriles. Esa noche, los 7.097 espectadores que asistieron al Scope Arena de Norfolk (Virginia) alternaron silbidos y algunos gritos de aliento para Holmes y se fueron con la sensación de que algo debía terminar.

“Si el boxeo tuviera una gira senior, Holmes volvería a ser campeón. Pero no es así, por lo que el orgulloso y barrigón tendrá que seguir golpeando a los que nunca fueron y a rarezas como Esch”, sentenció el cronista de la agencia AP, que definió el combate como “un espectáculo que enfrentó a un abuelo canoso contra un boxeador lloroso y calvo que nunca había peleado más de cuatro asaltos”. El abuelo se impuso por puntos y nunca volvió a subir a un ring.

Después de esa derrota, Butterbean empezó a combinar el boxeo con combates de kickboxing, artes marciales mixtas y lucha libre profesional, que fueron transformando definitivamente su carrera en algo más parecido a un espectáculo de feria que al deporte de alto rendimiento y que lo llevaron a Australia, China, Japón, Corea del Sur, Inglaterra y Polonia, además de decenas de ciudades en Estados Unidos y en Canadá.

Incluso pactó para luchar con un oso grizzly de dos metros y medio y 550 kilos en Big Bear, California, pero el evento se canceló a último momento por una protesta de Personas para el Tratamiento Ético de Animales (PETA), una organización no gubernamental que trabaja por la defensa de los derechos de los animales.

No resultó extraño que un hombre de semejante perfil incursionara también en el cine y la televisión. En 2002, protagonizó una de las escenas más celebradas de Jackass: The Movie, el film que daba continuidad a la serie de MTV que había completado tres temporadas en base a golpes, choques, fracturas y conmociones cerebrales.

Johnny Knoxville, el protagonista principal y uno de los guionistas, había planeado un enfrentamiento con Mike Tyson. El ex campeón mundial no aceptó el convite y su lugar que tomado por Butterbean, quien noqueó a Knoxville en un local de ropa de Los Ángeles.

También hizo un pequeño papel en 'Chairman of the Board', una película protagonizada por el comediante Carrot Top y estrenada en 1998. Y fue invitado varias veces a The Tonight Show, el célebre programa nocturno de entrevistas de la cadena NBC que por entonces conducía Jay Leno.

En 2011, fue el atractivo central de los 10 episodios de Big Law: Deputy Butterbean, un reality show que emitió la cadena Discovery y que mostraba su trabajo como alguacil adjunto de reserva en el condado de Walker. Durante el rodaje, el púgil comenzó a experimentar agorafobia. Esa dificultad y los bajos niveles de audiencia hicieron que el programa no continuara después de su primera temporada.

En su rol de alguacil adjunto de Walker, Esch protagonizó el reality show Big Law: Deputy Butterbean.

'Estuve en el centro de atención durante tanto tiempo que la gente piensa que me conoce, como cree que conoce a los actores al final de la película, pero no tiene idea quién soy realmente”, aseguró Esch en julio de 2013, apenas unos días después de su última pelea como boxeador rentado.

Por entonces, ya había cerrado Mr. Bean's Bar-B-Que, el restaurante del que había sido dueño y que había gestionado en Jasper, y se había afincado en una zona rural en las afueras de la ciudad. Allí instaló un taller de carpintería y experimentó en la elaboración de vino casero.

“Me gusta la soledad, porque llegué a un punto en que casi me da ataques de pánico estar en público”, reveló entonces el gigante, cuya espalda había sido palmeada por miles desde el primer día en que se calzó los guantes en el galpón de una granja.

HS

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Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original