Es inevitable especular con qué habría pasado si Luis Suárez hubiera sido quien quedaba dos veces cara a cara con el arquero David Soria con la claridad con la que contaron Antoine Griezmann en el primer tiempo y Ansu Fati en la segunda etapa y fallaron.

Es inmediato el reflejo para ver en el rostro de Lionel Messi esa mezcla de desolación y fastidio cada vez que un compañero no interpreta el rumbo correcto de una jugada. La ecuación se dio vuelta: eso que Leo encontró en buenos tramos de sus recientes participaciones en la Selección se hace difícil de construir en su equipo.

Ni siquiera el rosarino pudo emparchar un partido para el olvido del Barcelona en el instante final cuando la pelota le quedó picando en el borde del área y su zurdazo salió ancho.

En la previa se había hablado más de lo que había pasado y de lo que asoma en el horizonte que del encuentro mismo. En el retrovisor quedaban los compromisos por eliminatorias sudamericanas y por la Liga de Naciones de la UEFA y hacia adelante aparecen nada menos que el debut en la Champions (el martes ante Ferencváros) y el clásico del sábado frente al Real Madrid. Pero en el medio, un detalle: Getafe.

Ronald Koeman había dado un indicio claro en la semana al declarar que 'Messi es un jugador que si no juega está más cansado. Es un ganador que quiere estar en todos los partidos'. Algo parecido al mensaje que solía entregar Pep Guardiola cuando la prensa le preguntaba si pensaba hacer descansar al argentino en aquellas seguidillas que incluían partidos de Copas, Liga y la Selección.

Messi juega. Es el único futbolista del Barcelona que participó de todos los minutos desde que se reanudó el fútbol y es la carta principal de un equipo que todavía está en el horno, que se va cocinando con la nueva receta de Koeman y quiere dejar atrás los condimentos amargos del pasado reciente.

Y la importancia de tener a Messi en la cancha queda más en evidencia cuando Barcelona tiene un primer tiempo tan apático, impreciso y sin ideas como el que tuvo ante Getafe.

Si en los primeros partidos del ciclo Koeman había quedado clara un búsqueda de juego asociado, suma de toques, progreso en bloque, dinámica y buenas rotaciones en ataque nada de eso se repitió contra el Azulón.

Y entonces fueron ráfagas individuales las que pusieron luz en ese panorama opaco. Messi deambuló como puntero izquierdo los primeros 18 minutos. En ese tramo fue Antoine Griezmann el que flotó como centrodelantero y Dembelé jugó (otra vez quedó en deuda) por la banda izquierda. Ninguno pudo gravitar.

La cara de Messi lo dice todo: el Barcelona no jugó bien ante Getafe. Foto: AFP

Entonces el argentino se despegó de la raya y empezó a buscar un espacio más fructífero. Así generó desde la primer chance con un zurdazo con rosca desde la puerta del área que pegó en el poste derecho.

La segunda situación de gol de ese primer tiempo deslucido estuvo en los pies de Griezmann, que quedó solito de cara al gol tras un pase entrelíneas de Pedri. El francés, que en la semana había marcado para su selección y destacado que el DT Didier Deschamps sabe en qué lugar de la cancha ubicarlo, no tendrá excusas para justificar su mala definición por arriba del arquero David Soria.

Esa primera mitad retorcida del Barcelona se coronó con el fastidio de Messi al recibir un fuerte golpe de Allan Nyom, que lo cruzó con el antebrazo cuando el rosarino encaraba rumbo al área. El 10 quedó dolorido y pidió expulsión, pero el árbitro Cesar Soto Grado solo amonestó al defensor francés. Vale decir que desde la cabina del VAR tampoco alertaron al juez para revisar la acción.

El arranque del complemento potenció aquel síntoma. Y el gol del Getafe por un penal ingenuo de De Jong ante Djené a la salida de una pelota parada que transformó en 1-0 Jaime Mata, terminó de hacerle caer la ficha al Barcelona del mal partido que estaba jugando.

Movió el banco Koeman con los ingresos impostergables de Ansu Fati y Coutinho. Y si bien el juego no mejoró, el joven que nació en Guinea y se nacionalizó español tuvo una situación clarísima pero al igual que Griezmann en la primera parte falló en el mano a mano con Soria.

Jugó mal y perdió bien el Barcelona. Pudo haberlo empatado en esas chances aisladas y en la arremetida final, ya con el Getafe aguantando todo atrás, con el zurdazo impreciso de Messi y un cabezazo que casi se mete en contra.

Tendrá tarea Koeman. Lo que había construido hasta aquí desapareció justo en el inicio de una semana clave. El desgaste de los futbolistas podrá ser una explicación válida, pero enseguida deberá dar vuelta la página y mejorar para los desafíos que vienen.

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Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original