September 5, 2018 | 02:29

Ciencia en diarios de Mendoza: LMNeuquén

Alimentos exóticos: ¿nutrición o marketing?

Expertos afirman que hay productos de moda que no suman tanto como se dice.



Quinoa, bayas de goji o de açaí, semillas de chía, té de maca, aceite de coco, espirulina, kale o espelta... Cada vez son más productos de nombres extraños y procedencia casi siempre exótica que se amontonan en los estantes de las dietéticas y los supermercados y que se destacan por sus importantísimas propiedades nutritivas. Sin embargo, para algunos expertos se trata de una categoría creada más por el marketing y las redes sociales que por la comunidad científica. Y ver en internet supuestas propiedades beneficiosas atribuidas a estos productos y hasta con efectos milagrosos para la salud es frecuente, aunque no haya evidencia científica que confirme estas virtudes.

Nutricionistas aseguran que ningún producto en sí puede ser un 'superalimento' y que una dieta saludable debe ser equilibrada y variada. 'Los alimentos sanos son abundantes en nuestro entorno habitual y no es necesario buscarlos de modo exótico. Esto es una moda', reflexiona la nutricionista española Gemma del Caño.

La atracción por lo exótico parece verse reflejada en las tendencias de consumo que indican un crecimiento de estos productos entre los usuarios que buscan una alimentación saludable, y más en estos tiempos en los que la cercanía del calorcito hace que la mayoría recupere los buenos hábitos que el frío del invierno suele hacer perder. 'Estos superalimentos irrumpen de repente y parecen ser los salvadores de nuestra salud', afirma el doctor en tecnología de los alimentos y divulgador científico, Miguel Ángel Lurueña. Según el especialista, 'estos productos son percibidos como una forma de compensar una mala dieta y unos malos hábitos'. También tiene influencia, y en estos está vinculado con los 'tiempos veloces', la necesidad que muchas veces se da en los consumidores de hallar soluciones fáciles a una cuestión que suele ser compleja y trabajosa, como adoptar una dieta equilibrada. Para Lurueña, esto genera falsas expectativas en los consumidores porque 'el mensaje que se transmite es que da igual con qué se acompañen y cómo sea el resto de la dieta'.

La recomendación médica es alimentarse de forma saludable y equilibrada para lograr un aporte de nutrientes adecuado. Para esto es importante favorecer el consumo de cereales integrales, verduras, legumbres, frutos secos, pescado y alimentos con grasas poliinsaturadas o monoinsaturadas (como el aceite de oliva) respecto de las carnes rojas, las bebidas azucaradas y los productos abundantes en grasas saturadas.

Salud: Una buena alimentación es un conjunto de cosas y no un producto salvador.

De todos modos, estos productos no son truchos, sólo que no son salvadores. Pero tienen un valor nutritivo interesante y pueden ser incluidos en una dieta variada, siempre y cuando se tenga en cuenta que 'ningún alimento es una píldora mágica que nos va a curar de todo', resalta Del Caño. 'Gran parte de la responsabilidad de esto es de la industria, que fomenta en el consumidor una necesidad que en realidad no tiene. Durante mucho tiempo se hicieron productos seguros, aunque no todos saludables. Ahora está la intención de modificar y cambiar, por ejemplo, un montón de azúcar por un montón de propiedades', agrega.

Sirven: Muchas semillas, aceites, tés, etc., son buenos como parte de una dieta saludable.

Seguir una alimentación saludable requiere constancia. Y ser cuidadosos como para advertir el 'ser' del 'parecer'. Cuando el marketing es más fuerte que la información, el riesgo es confundir algo bueno con algo extraordinario; algo que suma con algo que es excluyente y de propiedades únicas y salvadoras.

Los alimentos sanos son abundantes en nuestro entorno natural y no hace falta buscarlos de modo exótico'. Gemma del Caño. Nutricionista española

Cuidarse de la desinformación

Los expertos alertan acerca de los peligros de la desinformación, atribuible en muchos casos a la desconfianza que puede generar la producción alimentaria tradicional más la inquietud que provocan los problemas de salud. Todo eso hace vulnerable a la población frente a la desinformación. Y sugieren que las publicidades deben estar reguladas para evitar que aseguren hechos no fundamentados y fomenten las medias verdades.

Fuente: LMNeuquén >> lea el artículo original

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