September 6, 2018 | 05:58

Ciencia en diarios de Mendoza: El País

La ciencia perdida en el incendio del Museo Nacional de Brasil

El fuego ha afectado a la primera institución científica de Brasil, que albergaba el fósil más antiguo de América y registros no digitalizados de lenguas nativas que ya no existen



Entre las cenizas del Museo Nacional, en Río de Janeiro, consumido por las llamas el pasado domingo por la noche, hay más que restos de fósiles, cerámicas y especies raras. El museo albergaba, entre sus más de 20 millones de piezas, los esqueletos que contenían las respuestas de preguntas que los investigadores brasileños todavía no habían respondido, o ni siquiera formulado. Y el incendio puede haber callado para siempre palabras y cantos indígenas ancestrales, de lenguas que ya no existen en el mundo.

Tres días después del incendio que quemó el edificio de 200 años que albergaba la primera institución científica de Brasil, todavía no se sabe exactamente qué se ha perdido y qué se ha salvado. Pero el ambiente entre profesores y alumnos es de pesimismo: conviven con la posibilidad de que su objeto de estudio se haya convertido en polvo.

Una de las mayores preocupaciones es el material recogido en el yacimiento arqueológico de Lagoa Santa, en el estado de Minas Gerais, considerado de fundamental importancia para entender el origen de los pueblos americanos prehistóricos. El museo tenía el mayor acervo del mundo recogido en ese estado: unos 200 individuos fosilizados que integraban lo que los investigadores denominan “el grupo de Luzia”, en referencia al nombre dado al más antiguo esqueleto jamás encontrado en América, descubierto en 1974 y con una edad aproximada de 11.500 años.

Luzia era la joya de la corona del museo. Su descubrimiento abrió las puertas a una serie de hipótesis sobre la colonización del continente. Estudios realizados con su cráneo en los 80 por el profesor Walter Neves indicaron que los primeros nativos de América posiblemente tenían origen africano. Los rasgos de Luzia se parecían poco a los de los indígenas brasileños de la época del descubrimiento. A partir de ahí, se formuló la hipótesis de que hubo una primera corriente migratoria hacia Brasil con estas características morfológicas africanas, que habría cruzado de Asia a América por el estrecho de Bering hace 14.000 años, seguida de otra ola de migrantes con rasgos asiáticos, como los de los amerindios, hace unos 12.000 años. Su delicado cráneo estaba guardado dentro de una caja de acero en los archivos del museo incendiado. Hasta el momento, no se sabe cuál es su estado.

Fuente: El País >> lea el artículo original

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