Andrés Manuel López Obrador, el presidente de México, desafía todo el tiempo las leyes del coronavirus. Reparte besos y abrazos como si nada pasara y lleva en la billetera los amuletos y estampitas que la gente le regala como escudo protector.

En Ometepec, en el sur de México, el presidente de 66 años hace unos días alzó a una nena y le dio un beso con mordisco en el cachete, con la gente arremolinada a su alrededor. Unos días después se fue a comer a un restaurante típico en la turística ciudad de Oaxaca y recomendó a todo el mundo seguir saliendo a comer, aunque México ya tenía el primero de sus seis muertos por Covid-19.

“No ayudamos si nos paralizamos sin ton ni son, de manera exagerada”, dijo mientras la dueña del local le explicaba los platillos de molote de plátano, tamales y garnachas que había sobre la mesa. “Sigan llevando a la familia a comer a los restaurantes, a las fondas”, sugirió el presidente, que subió después el video a Facebook.

Para muchos, López Obrador, nacionalista de izquierda, minimiza la amenaza del coronavirus e ignora las lecciones de países como Italia y España, que tardaron en reaccionar y están pagando las consecuencias. En México hay hasta ahora menos de 500 casos, el primero registrado hace casi un mes.

Él dice que la fuente de su tranquilidad es la honestidad. Para López Obrador, su “autoridad moral” y la promesa que hizo de desterrar la corrupción cuando asumió la Presidencia en diciembre de 2018 es la fórmula mágica que lo resuelve todo. También las pandemias.

“Es como el ‘detente’. ¿Saben lo que es el ‘detente’, verdad?”, preguntó a los periodistas que asisten a sus conferencias de prensa diarias de las siete de la mañana, que es un popurrí de anuncios oficiales, ataques a sus adversarios y clases de historia que dura dos horas.

Entonces, metió la mano en el bolsillo derecho del pantalón, sacó la billetera y tomó un par de estampitas religiosas y un billete de un dólar. “Son mis guardaespaldas”, dijo. Y leyó de una imagen: “Detente, enemigo, que el Corazón de Jesús está conmigo”.

El Zócalo, en el centro de la ciudad de México, desierta para evitar el contagio. /REUTERS

Mientras la Covid-19 sume al mundo en una crisis sanitaria, social y económica sin precedentes, López Obrador le quita dramatismo. Incluso cuando el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, ya hablaba de la necesidad de distanciamiento social, él decía que había que seguir dando abrazos.

A contracorriente de otros países del mundo, México mantiene abiertos sus aeropuertos y restaurantes. No hay prohibición de salir, aunque se suspendieron las clases en las escuelas desde el lunes y mucha gente se está resguardando ya más en sus casas.

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Hace diez días se hizo todavía el festival de música Vive Latino, con decenas de miles de asistentes. El primer muerto de Covid-19 había estado en un recital de la banda sueca Ghost en el Palacio de los Deportes con unas 20.000 personas unos días antes de empezar a sentirse mal.

Apenas este lunes se cancelaron a nivel nacional los eventos con más de 100 personas y empezaron a cerrarse teatros y cines. López Obrador también firmó un decreto para que las empresas y el sector público den licencia con goce de sueldo a los mayores de 65. Pero el distanciamiento social por ahora en México es solo una recomendación. Una heroína estilo caricatura bautizada “Susana Distancia” da consejos contra el coronavirus.

López Obrador repitió el miércoles su teoría de las fondas. “Yo les diría ¿por qué no ir? Si no está prohibido, no está prohibido. Además nuestra estrategia es muy clara: vamos a protegernos y vamos a proteger a los más vulnerables, que es lo que estamos haciendo, pero procurar el menor daño posible, que no nos salga más caro el remedio que la enfermedad”.

Efectos en la economía

La principal razón por la que el presidente mexicano no quiere adelantar vísperas y paralizar ahora el país es social. Se espera que la crisis sea larga y un 57 por ciento de los mexicanos carece de un empleo formal. Mucha gente vive al día, a partir de lo que obtiene de la venta callejera y de propinas. Si dejan de trabajar, no ganan nada.

En México tampoco existe un seguro de desempleo para quienes pierdan sus trabajos formales en caso de cerrar empresas durante la crisis. La economía mexicana de por sí viene de un año de estancamiento y está sintiendo ya los efectos del coronavirus: un desplome en los precios del petróleo, una fuente esencial de ingresos para el país, suba del dólar y caída del turismo.

Algunas empresas, como los cafés Starbucks y Domino’s Pizza, ofrecieron a sus trabajadores tomarse 30 días de descanso sin sueldo mientras pasa la crisis. La apuesta del gobierno mexicano es estirar los contagios: mantener la curva de contagios plana durante el mayor tiempo posible, aunque la crisis dure más meses que en otros países.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio un espaldarazo al gobierno de López Obrador, al decir que el manejo hasta ahora está siendo el adecuado para el actual estado de contagios, con el cierre de escuelas mucho antes de lo que ocurrió en Italia o España.

“En todas las Américas tenemos casos, y en la mayoría de los países o se está en fase 2 o ya se está avanzando en fase 3 de epidemia generalizada. Pero esto está sucediendo con un par de semanas de retraso en México, lo cual nos da una gran ventaja a todos para entender cómo reaccionar, entender de qué se trata, ya no enfrentar esto con el miedo o el pánico”, dijo Cristian Morales, representante de la organización en México.

Todos los fines de semana López Obrador se sube a vuelos comerciales para hacer giras por el interior del país. Desde que asumió la Presidencia decidió no utilizar jamás el “faraónico” avión presidencial de su antecesor Enrique Peña Nieto porque dice que “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”.

En los aeropuertos mucha gente lo saluda y le pide tomarse selfies, después se sube a un auto y baja la ventanilla para estrechar manos cuando la gente le sale al paso para saludarlo o presentarle reclamos.

La próxima gira será a Bahía de Banderas y otras ciudades del noroeste de México. Esta vez prometió portarse bien: “Me duele de no poder saludar de mano y abrazar y besar, que no lo puedo hacer por la sana distancia”, adelantó. “No lo vayan a tomar a mal”.

Por Andrea Sosa Cabrios

Ciudad de México, especial para Clarín​

Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original