El Washington Post pidió en sus páginas no solo que Wuerl, el arzobispo de su ciudad, se retire por la gestión de los abusos clericales, sino también la renuncia del propio Francisco. El sorprendente pedido del diario ha dividido aguas entre loslí­deres católicos, entre quienes el argentino Jorge Bergoglio, el Papa, tiene detractores profundos. Ellos le endilgan que 'la prensa mundana', los medios de comunicación que celebraron su 'aire fresco' a las costumbres vaticanas, 'lo han abandonado'. Y destacan este pedido como si coincidieran con el origen del pedido de dimisión, que es el ocultamiento de los casos de abusos sexuales en el que hay involucrados entre el 4 y el 7% de sus religiosos.

Los medios católicos que se enfrentan a Francisco están subrayando que The Washington Post 'se ha distinguido en la alabanza a Francisco y sus ‘nuevos aires', por lo que el hecho de que pida su renuncia adquiere mayor importancia', tal como lo señaló Info Vaticana..

 Se lee en el Washington Post: 'Este horror tiene autorí­a, y entre los muchos nombres del escándalo se encuentra el de Wuerl. Y con el ‘mea non-culpa' de 'todo el mundo tiene la culpa' del Papa Francisco del lunes, su nombre también está en la lista. Wuerl tiene que dimitir. Y la iglesia estarí­a mejor con dos papas retirados y un nuevo hombre absolutamente dedicado a apoyar a los reformadores, no a suprimirlos'.

Por otra parte, el periódico ensalza la actitud de dos prelados estadounidenses contra la pedofilia. Precisamente dos prelados que han sido ‘castigados' por Bergoglio sin capelo, a pesar de ser un clamor para el catolicismo estadounidense: El arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, y el de Los íngeles, José Horacio Gómez, el primero por haber hecho un excelente trabajo investigando a la Legión de Cristo y el segundo por haber sido implacable con su predecesor, el encubridor cardenal Mahony a quien el Papa ha rehabilitado y encomendado responsabilidades públicas desautorizando al propio Gómez.

Debe de doler. Nada de esto, repetimos tendrí­a otra importancia que la anecdótica si la Iglesia hubiera mantenido con el mundo -en su sentido teológico- las distancias que antaño se consideraban normales, en lugar de haber pisado el acelerador del ‘aggionamento' iniciado con el Concilio Vaticano II, buscando el Papa convertirse, a lo que parece, en un lí­der mundial en tantas cosas que exceden, con mucho, su ministerio petrino.

El artí­culo completo firmado por Hugh Hewitt :

Las peticiones de que Donald Wuerl sea cesado como arzobispo de Washington y renuncie al Colegio de Cardenales de la Iglesia Católica Romana son proporcionales en su grado de indignación con su grado de decepción con el sacerdote fracasado.

Gracias a un gran jurado de Pennsylvania, ahora sabemos del mal que tuvo lugar durante su tiempo como obispo de Pittsburgh. La diócesis de Wuerl incluí­a el encubrimiento de un presunto cí­rculo de pornografí­a infantil administrado por sacerdotes, incluidos sacerdotes que, según los informes, señalarí­an ví­ctimas para otros depredadores mediante una cruz de oro. Si eso no es satánico, entonces la palabra no define nada.

Y Wuerl cubrió ese anillo. Y docenas de otros casos. Y permitió que los depredadores se sintieran libres de moverse por el paí­s siempre que no pusieran en peligro su carrera. ¿El cardenal Theodore McCarrick apoyó a Wuerl como su sucesor en Washington, confiado en la capacidad de este último de guardar los pecados más feos debajo de la alfombra? No serí­a sorprendente.

De hecho, ya nada más nos sorprende. Aquellos de nosotros en la comunidad católica que le dimos a la iglesia una segunda e incluso una tercera oportunidad hemos quedado disgustados. Hubo una 'Carta para la Protección de Niños y Jóvenes' de 2002 presentada por los obispos de los EE. UU. Hubo un 'Informe sobre la crisis en la Iglesia Católica en los Estados Unidos' publicado en febrero de 2004. Tras su publicación, el comité de revisión de laicos designado por la iglesia que escribió el informe celebró un gran evento en el National Press Club. Yo fuí­. Querí­a escuchar en persona que el cambio habí­a llegado.

Algunos lí­deres intensificaron. El infatigable arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, recibió la tarea del Papa de investigar la Legión de Cristo, plagada de escándalos, y fue rastreada por él. El arzobispo José Horacio Gómez, de Los íngeles, puso a su predecesor, Roger Mahoney, bajo lo que de hecho es un arresto domiciliario. En el otro lado de la moneda, el cardenal Bernard Law tuvo que huir del paí­s y establecer su residencia en Roma hasta su muerte.

Pensamos que los encubrimientos habí­an terminado. Luego, el gran jurado de Pensilvania reveló que el conspirador más hábil resultó ser Wuerl, quien logró sus acuerdos de no revelación con las ví­ctimas y sus depredadores, según el informe, tan bien que fue ascendido a ser el rostro de la iglesia en la ciudad más poderosa del mundo. Y su jefe en Roma escribió una insulsa carta el lunes asignando la responsabilidad colectiva de los crí­menes y los encubrimientos a todos los fieles.

Para ser muy especí­fico: al diablo con eso. No abusé de mis estudiantes de CCD (clases obligatorias de sábado o de lunes a viernes para los estudiantes que asisten a escuelas públicas) cuando les enseñé como voluntario en los años ochenta. No tuve un solo sacerdote o monja abusivo en 12 años de educación católica. Este horror tiene propiedad, y los muchos nombres incluyen a Wuerl. Y con el 'todo el mundo tiene la culpa' del lunes, el 'non mea culpa' del Papa Francisco, su nombre también figura en él. Wuerl necesita renunciar. Y la iglesia estarí­a mejor con dos papas jubilados y un hombre nuevo absolutamente dedicado a apoyar a los reformadores, no reprimiéndolos.

En la iglesia, a pesar de lí­deres como Chaput y Gómez, no se puede confiar para arrancar la podredumbre. Hay muy pocos como ellos y demasiada podredumbre. Debe haber otras 49 investigaciones generales de abogados estatales o, dado el movimiento interestatal de depredadores con la cooperación de la iglesia, tal vez una investigación del Departamento de Justicia conduzca a un decreto de consentimiento sobre prácticas que la iglesia está obligada a seguir cuando se descubre un pedófilo en su medio. No violarí­a la cláusula de ejercicio libre insistir en que cada obispo simplemente acepte seguir la ley.

Chaput siempre ha argumentado que si se extienden los plazos de prescripción para las ví­ctimas de abuso religioso, deberí­an extenderse a todas las ví­ctimas, y tiene razón. No es que Penn State University, la Universidad Estatal de Michigan y la Universidad del Sur de California -hogares de terribles escándalos de abuso- sean menos culpables que las diócesis católicas. Pero al menos esas tres instituciones no mantuvieron a sus presidentes cerca (aunque USC se tomó su tiempo para deshacerse de su presidente, para la desgracia y lesión de la universidad).

Cada dí­a que Wuerl continúa en su trabajo hiere a cada ví­ctima y cada católico. Socavó todo el trabajo de reforma que le precedió. í‰l estafó a sus colegas. í‰l engañó a la junta de revisión al evitar su mirada. El estafador deberí­a haberse ido. Esta semana.

Fuente: MDZ Online >> lea el artículo original