Desde producir zanahorias con mejor sabor, más color o resistentes a plagas y enfermedades, hasta saber cómo fue la domesticación y evolución de las que hoy vemos en todas las verdulerí­as y que servimos en nuestras mesas, para eso y mucho más sirve la información que brinda el genoma de esta hortaliza naranja - que también puede ser morada, roja, amarilla y blanca- en el que trabajaron cientí­ficos mendocinos junto a un grupo de expertos internacionales.

Pablo Cavagnaro, investigador del CONICET, del INTA La Consulta y del Instituto de Horticultura de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), participó del equipo de 20 investigadores de distintos paí­ses que descifraron la secuenciación y análisis del genoma de la zanahoria. El trabajo original se publicó en 2016 en la revista Nature Genetics.

Desde entonces, Cavagnaro y su equipo de trabajo continuaron profundizando sus estudios sobre la zanahoria y este año publicó tres capí­tulos en el libro “The Carrot Genome” (El Genoma de la Zanahoria), que forma parte de los volúmenes que la editorial norteamericana Springer, que compila los avances internacionales más relevantes en el terreno de la genómica y genética de la zanahoria.

Cavagnaro explicó a Unidiversidad que la secuencia del genoma es una herramienta importante para la investigación y el mejoramiento de esta especie. Desde el punto de vista práctico, su utilización permite avanzar en el desarrollo de nuevas variedades con caracterí­sticas mejorada como, por ejemplo, obtener zanahorias con más betacaroteno -el pigmento que les da su popular color naranja-, con resistencia a enfermedades o con mejor adaptación para su cultivo bajo condiciones adversas.

“Uno de los capí­tulos en los que trabajé fue en el los azúcares y poliacetilenos, que son dos tipos de compuestos diferentes y son importantes porque tienen que ver con el sabor. Los poliacetilenos son responsables, en gran medida, del gusto amargo que a veces se percibe en algunas zanahorias y se encuentran en mayor concentración en la parte más externa de la raí­z por lo que si uno las pela se reduce ese sabor”, contó el especialista mendocino.

Estos compuestos tienen injerencia, por ejemplo, en la resistencia de la zanahoria a las plagas. El investigador comentó que el conocimiento de cuáles son y cómo funcionan los genes responsables de un carácter determinado, por ejemplo, aquellos que regulan el contenido de azúcares, poliacetilenos, o pigmentos antioxidantes, facilita el desarrollo de variedades más apetecibles y saludables a la hora de llevar a la mesa.

Cavagnaro resaltó que el estudio del genoma de la zanahoria ha servido también para abordar investigaciones sobre la evolución de la zanahoria y su comparación con el genoma de otras plantas, así­ como también para estudios sobre la domesticación de esta hortaliza. “Las zanahorias silvestres son muy fibrosas, no acumulan ningún tipo de pigmento, poseen bajo contenido de azúcares y agua, y tienen abundantes raí­ces laterale y eso es algo que está muy lejos de lo que hoy conocemos como una zanahoria comestible. Para los que estudian la domesticación, es interesante saber cómo sucedieron esos cambios, cuáles son los genes que fueron seleccionándose a favor y en contra para llegar a las cultivadas que hoy consumimos”, explicó el cientí­fico.

Otros dos investigadores del INTA La Consulta, Marí­a Soledad Alessandro y Claudio Galmarini, fueron coautores en otro de los capí­tulos del libro que trata sobre “Desarrollo floral de la zanahoria y biologí­a reproductiva”.

Los secretos de la zanahoria morada estudiada en Mendoza

Cientí­ficos del Conicet y del INTA descubrieron cuáles son los genes de esta particular hortaliza, que tiene capacidades antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerí­genas. Pronto llegará a las verdulerí­as.

Fuente: Unidiversidad >> lea el artículo original